Nuestras formaciones contemplan tres áreas de estudio, todas ellas fundamentales para comprender el estilo en su totalidad.
Ninguna es prescindible, y el equilibrio entre los conocimientos y habilidades desarrollados en cada una de ellas es un requisito constante a lo largo de todo el proceso formativo.
Gestión de la Sesión — Kyūsho-gaku (急所学)
Herramientas y dinámicas necesarias para identificar lo que cada persona experimenta en cada instante de la sesión y para gestionarlo desde la erótica individual, facilitando conocer a la otra persona a través de su expresión emocional.
Fundamentado en psicología, neurociencia y sexología, esta área aborda la comunicación con el otro desde la comprensión de la expresión emocional de ambas partes.
Su núcleo son la gestión emocional (desde la lógica) y la comunicación no verbal durante la sesión, garantizando que la práctica sea consciente, segura y adaptada al momento presente, y que cada acción tenga un propósito dentro de la experiencia.
Técnica de Cuerpo — Taijutsu (體術)
El Taijutsu estudia el control y uso eficiente del cuerpo, tanto de quien ata como de quien es atado.
Antes de aplicar cualquier técnica con la cuerda, es necesario dominar la anatomía y la biomecánica para crear restricciones seguras y efectivas.
Inspirada en las artes marciales, trabaja con posiciones, movimientos y activación corporal, priorizando en todo momento adaptabilidad, seguridad y funcionalidad.
El cuerpo se convierte así en el soporte principal de la práctica, asegurando que cada técnica se aplique de forma eficiente, precisa y segura.
Técnica de Cuerda — Nawasuji (縄筋)
El Nawasuji aborda el manejo de la cuerda como herramienta para integrar y consolidar las técnicas trabajadas en las áreas anteriores, fijar las restricciones y facilitar la comunicación no verbal entre los participantes.
Se estudian tanto enfoques rígidos y estructurados como aproximaciones fluidas y adaptativas, aprendiendo a combinar ambos registros según la dinámica de cada sesión.
El manejo de la cuerda no es un fin en sí mismo, sino el medio a través del cual se aplican de forma segura y eficaz los conocimientos del Kyūsho-gaku y el Taijutsu, permitiendo que la práctica sea completa y funcional desde el primer día.
El orden de estudio
El orden en que se abordan estas áreas no es arbitrario.
En primer lugar se adquiere conocimiento, especialmente sobre uno mismo. El aprendizaje en torno a otra persona llega con el tiempo y requiere de interacción real.
A continuación se profundiza en el estudio de la anatomía y se aprende a gestionar el propio cuerpo y el de la otra persona, en ese orden.
Finalmente se aborda el manejo de la cuerda.
Alcanzar un nivel de dominio sólido en cualquiera de estas áreas exige horas de práctica. Las habilidades se asimilan con el trabajo continuado, pero el proceso requiere también un compromiso personal de autoconocimiento y aceptación.
Es un camino que ha de incorporarse como hábito sostenido en el tiempo para que la vivencia erótica pueda evolucionar de verdad.
Limitarse a reproducir figuras sin comprenderlas, obviando los fundamentos y el trabajo sobre las propias emociones, no es un enfoque adaptativo: tarde o temprano convierte el shibari en una práctica de riesgo.
Una de las ventajas del método es que lo aprendido puede aplicarse desde el primer día, haciendo del proceso algo estimulante y satisfactorio.
El avance se produce precisamente a través del uso continuado de lo que se aprende.