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Colgar vs Suspender

Hace algo más de una década (¿15 años ya?), Bruce Esinem puso de moda en la comunidad shibari la expresión «Atamos personas, no paquetes».

La idea básica que transmite el eslogan es clara: ahí, debajo de esas cuerdas, hay una persona con sus sentimientos, sus emociones y un cuerpo que es el único que tiene para toda su vida.

Manejálo con cuidado (por seguir con la terminología del sector de la paquetería).

No es una observación gratuita: buena parte de las técnicas que se emplean en el shibari proceden de usos «profesionales» de la cuerda.

Unas están asociadas a atar objetos blandos (textiles o agrícolas), otras a atar objetos duros o rígidos (construcción) y unas pocas técnicas tienen cierta ascendencia en restringir a personas para aplicarles violencia.

Y sí, ningún comerciante quiere que el transportista dañe su mercancía, ni un albañil que se le caiga la carga del palé de ladrillos que está subiendo con una polea a un tercer piso.

Por ello, con el tiempo se desarrollaron técnicas específicas para tales propósitos: manejar objetos, paquetes.

Y aquellas técnicas «antiguas», o jutsus, desarrolladas para manejar personas, no tenían muy en cuenta su bienestar y seguridad.

Y no, el dicho de «sin dañar al prisionero» simplemente implica que siga siendo funcional para el trabajo esclavo, no que tenga un nivel de bienestar asimilable a los parámetros contemporáneos.

Y es que lo que estamos haciendo en el shibari actual es incorporar técnicas tradicionales, funcionales en su contexto, pero las llevamos al terreno erótico y con valores y premisas contemporáneos.

Y entonces, si hablamos de atar o ser atado como práctica erótica, es claro que pensar en personas y no en objetos, por muy objeto del deseo que sean (o seamos), es algo que debería caer de cajón.

Debería, ya que el simple hecho de que la frase siga siendo necesaria hoy en día es indicativo de que algo no anda bien por ahí.

Pero si, además, nos vamos a expresiones del shibari que implican suspensiones, añadimos una nueva familia de técnicas y una nueva dimensión al riesgo de daño o lesión.

A diferencia de las técnicas para manejar objetos, las propias de la acrobacia contemplan el cuerpo humano como receptor.

Y hay una gran diferencia, no solo por el hecho de ser persona, sino en la forma en que el cuerpo responde a la aplicación de fuerzas.

Un ladrillo y un fardo de ropa van a responder de forma diferente si los atamos con una cuerda y los elevamos.

Uno es duro, el otro blando; la masa de uno se distribuye de forma más o menos homogénea, mientras que en el otro puede variar, como su volumen.

Uno se puede comprimir, el otro no, con lo que, al elevarlos con una cuerda, en el caso del ladrillo las fuerzas se concentran en un punto (o área, si es un palé) y apenas absorbe energía, mientras que un fardo de ropa repartirá las fuerzas de forma irregular, tenderá a deformarse y comprimirse, y tenderá a absorber energía al hacerlo.

En el proceso de levantar del suelo con una cuerda cualquiera de estos objetos, estaremos aplicando las leyes de la física y la mecánica, y el objeto en sí mismo estaría colgando, ya que no tiene capacidad alguna para generar fuerzas que contrarresten la ley de la gravedad.

Si nos fijamos en un cuerpo humano, podemos identificar partes duras y partes blandas, pero, sobre todo, partes móviles.

Esto es una gran diferencia, ya que, frente a los objetos inertes, puede variar su centro de gravedad y alterar la forma en que las fuerzas a las que se somete actúan sobre él.

En este caso, estamos hablando de biomecánica y de cómo, por medio de la activación muscular, la postura articular y el control neuronal, se generan, distribuyen y gestionan de forma dinámica las fuerzas a las que se ve sometido.

De forma que, cuando aplicamos correctamente técnicas diseñadas para mover el cuerpo al shibari y lo elevamos del suelo con ayuda de las cuerdas, el cuerpo no cuelga, no es un peso muerto, genera y gestiona fuerzas de forma que contrarresta su peso (tercera ley de Newton) y se eleva con facilidad.

Esta es la gran diferencia entre colgar un objeto o peso muerto y suspender a una persona, cuya gestión activa de los pesos y fuerzas hará que podamos obtener un resultado mucho más dinámico y controlado.

Eso sí, a diferencia de las técnicas para levantar objetos, aquellas que permiten la gestión del cuerpo en suspensión son bastante más complejas y requieren de mayor trabajo a nivel físico y cognitivo.

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