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Mitos del Shibari Cuerdas y Aprendizaje Crítico

Con las cuerdas hay bastantes mitos.

Alguna vez escuché a personas decir cosas como que, para que sea shibari, tienen que ser cuerdas de tal tipo o la medida de las cuerdas ha de ser...

Luego ves lo que hacen y te da la risa.

Primero, con la obligatoriedad del material.

Bien es cierto que buena parte de las técnicas se desarrollaron utilizando un tipo específico de cuerda, en concreto, cuerda de fibra vegetal trenzada... y que esta cuerda presenta ciertas características diferenciadoras en el manejo de la restricción biomecánica.

Pero luego, históricamente, la elección de un material o su cambio por otro tuvo más que ver con circunstancias de mercado, como malas cosechas o conflictos comerciales.

Y sí, el yute es un material maravilloso para el shibari, pero también el cáñamo y otras muchas fibras vegetales.

Otros materiales, en general sintéticos, o el tipo de cuerda que se emplea en escalada, por ejemplo, no son tan apropiados o, directamente, están contraindicados, dependiendo de qué estemos haciendo.

Dependerá mucho de la técnica y de lo que estemos haciendo.

En muchos de los países hispanos hay producción local de cuerdas elaboradas a partir de fibras vegetales. Brasil es uno de los mayores productores de yute a nivel mundial; en España, el cáñamo forma parte de nuestras tradiciones; en Colombia, la cuerda de fique da resultados más que interesantes.

Hay muchos intereses tras el mito de las cuerdas en el shibari: en parte comerciales, al querer vender un elemento; en parte, interés de facilitadores por detentar una posición de control.

Ciertamente, un buen material mejorará la experiencia, tanto para quien ata como para quien es atado. Pero, en este caso, el baremo para determinar cuán "buena" es una cuerda es en gran medida subjetivo.

Habrá parámetros técnicos: si la cuerda es más fina, hará nudos y fricciones más delicados; si su trenzado tiene mayor torsión, tendrá más retención en las restricciones; su resistencia objetiva al ser sometida a fuerzas es importante.

Pero las sensaciones individuales también lo son: su manejo, olor, tacto, peso, sonido...

La forma en que valoramos esto es personal, cada cual tendrá sus gustos y manías, y ahí no cabe imposición alguna.

Y luego, todo lo anterior debe confluir en la aplicación de la técnica.

Y entonces podemos estar hablando de cuerdas más apropiadas que otras, e incluso de materiales nada recomendables, pero siempre en relación a un uso en particular.

Pero... ¿se puede hacer shibari sin cuerdas?

Sí, claro que sí. El shibari es restricción anatómica con gestión del cuerpo, y para ello nos sirven materiales blandos, manejables, que nos permitan una gestión fluida y orgánica del cuerpo.

Ejemplo: ropa interior.

Pero también nuestras manos o, más aún, todo nuestro cuerpo.

En nuestra escuela se entiende que la restricción en el shibari erótico ha de ser anatómica para garantizar la seguridad articular de la persona atada.

En ningún momento las cuerdas son el elemento inmovilizador, sino que cumplen otras funciones de gestión y manejo de la sesión.

Invito a probar, experimentar y, sobre todo, buscar sentido a lo que se hace.

¿Tiene sentido para tu práctica pagar un importe relativamente elevado por utilizar una cuerda que apesta a petróleo e inicialmente estaba destinada a jardinería, por el simple hecho de venderla un japonés (aunque la cuerda se fabrique en Bangladés)?

O te puedes arreglar con una simple tira de tela, ya que realmente eres feliz con una restricción básica de manos y, para esa función, cualquier cosa vale.

Quizá quieras elaborar patrones complejos en la atadura, realizar acrobacias o tal vez sea el manejo del cuerpo y de la erótica tu interés...

Cada uno de estos casos tendrá unos requisitos diferentes, y la cuerda es lo menos importante en todos ellos.

Ya que la cuerda, por sí misma, no hará que consigas nada de lo anterior.

En ningún momento las cuerdas son el elemento inmovilizador, sino que cumplen otras funciones de gestión y manejo de la sesión.

¿Cómo aprender?

Otro grupo de mitos, aunque este inmaterial, es el que se refiere al estudio del shibari.

Recuerdo cuando empecé mi formación, hace más de 20 años.

Al volver a mi ciudad de un taller que me había parecido maravilloso y magistral (hoy diría que fue una auténtica porquería), nos juntamos varios amigos y compartí lo que había aprendido, y así practicábamos en grupo, que era más divertido.

Creo que eso es algo que sucede en todas partes y me parece bastante saludable, pero también tiene ciertas carencias.

Confiar en la memoria y retención de una persona para la transmisión de una técnica ya es, de por sí, un proceso que suele terminar como el juego del teléfono estropeado.

Y, sin duda, será mucho más problemático si la fuente del mensaje original está enseñando tonterías, de oídas o sin fundamentos.

Incluso, en los últimos tiempos, veo instructores (algunos de renombre internacional) que conscientemente enseñan a sus alumnos técnicas que son peligrosas o lesivas como si fuesen algo bueno.

Y es que, en el pequeño ecosistema del shibari, hay una excesiva tendencia a la mitomanía, convirtiendo a figuras que no conocemos en ídolos sin cuestionar lo que realmente están haciendo.

Y ese es un problema del que derivan muchos otros.

Por ejemplo, cuando voy a dar clase a un grupo nuevo de estudiantes, siempre les pido que hagan algo con las cuerdas: una forma, algo sencillo con lo que estén cómodos y que sea lo que utilizan habitualmente en sus juegos o aquello de lo que se sienten más satisfechos.

El resultado va en dos direcciones: o hacen algo estilo gote o la figura que vieron en el último taller, pero todos la misma y casi siempre con las mismas carencias. Eso es normal.

Puedes probar, piensa o, si tienes una foto, mejor, en la atadura que más utilizas en sesión, la que te es más cómoda o familiar.

En un elevado porcentaje de los casos, me encuentro con gotes cuyo single column inicial está sobre las muñecas.

Hago un inciso para recordar la norma básica de seguridad con cuerdas, que consiste en dejar unos 10 cm libres sobre cada articulación.

Cuando pregunto el motivo por el que colocan las cuerdas ahí, la respuesta es encogerse de hombros, no saben o, más frecuentemente, «me lo enseñaron así».

Pero también les enseñaron la norma de los 10 cm. Entonces, ¿dónde queda el sentido crítico, la capacidad de análisis?

Y todo esto dice mucho también sobre la calidad de la formación, que se basa en aprender de memoria una serie de pasos y cuatro trucos, y tira que te libras.

En ocasiones, enseñan sin explicar, ya que posiblemente tampoco entiendan. Muchos vídeos solamente muestran un proceso, pero no dan un motivo para hacer las cosas, no dan una explicación de lo que está sucediendo.

El shibari es técnica y, como tal, es ciencia, no creencia... no «porque yo lo digo».

Y aquí hay un problema: aprender la técnica, desarrollar las habilidades propias del shibari es lento, requiere tiempo y esfuerzo.

Enseñar algo tan simple como una postura o llevar un brazo atrás, en modo clase particular, lleva más de un día de clase y muchos meses para procesarlo y asimilarlo.

Lo normal es que, después de un año de clases, un alumno un día descubra que: «¡Ah, esto se hace así!». Pues sí, es lo que te expliqué el primer día.

Por eso, esas clases en las que ofrecen enseñar una figura, una forma compleja, con el requisito de saber torcer una cuerda y atar una vaca a un poste, y lo van a hacer en grupo numeroso y en tan solo 4 horas... Bueno, permítanme que lo ponga en duda...

Y si ya en persona es complicado, imagínense ahora en línea.

No funciona el imitar. Para cosas básicas puede, para entender algo o ver un paso de cuerda puede. Pero no da más de sí.

Por ejemplo, en nuestra escuela en línea, yo me grabo haciendo un single column, y muy pocos logran seguirme.

Tardé un par de años en darme cuenta del motivo: soy zurdo y utilizo cuerda con trenzado zurdo.

Si nos vamos a formas complejas, no se trata de replicar patrones de cuerdas.

Es imposible que una misma forma, aplicada en cinco cuerpos distintos, por cinco personas distintas, quede exactamente igual.

Va a requerir siempre ajustes, tanto para quien ata como para quien es atado.

En nuestro caso, no basamos la formación en línea en vídeos que los alumnos siguen, sino en clases 1:1 en las que vemos cómo hacen, les guiamos y, sobre todo, les decimos cómo adaptar a su caso particular la técnica.

Siempre debe adaptarse la técnica a la persona.

Mostramos qué deben notar, cómo responder, de qué forma debe funcionar la técnica para que puedan saber si va bien o mal.

Explicamos el cómo y el porqué de cada cosa, cuál es el motivo de pasar la cuerda en una dirección, qué sucede si va más o menos apretada, si se aplica de una forma o de otra...

Y, sobre su ejercicio, indicamos correcciones.

Luego, aportamos material de estudio por escrito y en vídeo, ya que la información es mucha.

Por ejemplo, para el curso de este año, solo para postura y colocación, así como manejo básico de la cuerda, tenemos más de 50 horas de material de estudio y aún no llegamos al gote más sencillo.

Así que, ¿me vas a decir que un vídeo de 13 minutos o un taller de 4 horas es suficiente?

No.

Y, sobre todo, es cuestión de que el alumno aprenda, pero en la técnica ayuda mucho que te guíen, que te expliquen el qué, el cómo y el porqué.

Entonces, si la formación es solamente mostrar pasos para que los repitas como autómata, va a resultar que, primero, no vas a saber resolver los problemas cuando estos aparezcan, no vas a identificar su causa.

Luego, te olvidarás de pasos o los cambiarás, ya que no sabes cómo o para qué sirven, qué función cumplen.

Y al final no sabrás qué estás haciendo, y es cuando aparece esa frustración y sensación de que el shibari no tiene sentido, pero antes era maravilloso, y ahora es solo repetir pasos y procesos que no te llenan.

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