Por su propia naturaleza, el shibari no es una práctica completamente segura. Incluso sus formas más simples conllevan riesgos significativos.
De ahí la necesidad de actuar con precaución y adquirir un conocimiento profundo sobre su técnica: comprender sus implicaciones, riesgos y posibles consecuencias es el único camino para integrarla en nuestra vivencia erótica de forma controlada y responsable.