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Los efectos del encierro y el cese de actividades públicas motivados por el COVID afectaron sobremanera a la industria japonesa del shibari profesional.

Confluyeron varios factores. Por una parte, los económicos, derivados de la propia falta de actividad, agravados en Japón por la entrada en vigor de la nueva Ley de AV, que paralizó prácticamente la producción de contenidos adultos en vídeo de temática shibari.

Se dió también una pérdida del momento tecnológico. Mientras el resto del mundo se volcaba en la actividad online, la industria del shibari —ya fuera por barreras idiomáticas, culturales o legales— no supo aprovechar la oportunidad.

Otro factor a tener en cuenta es la necesidad de un relevo generacional entre los profesionales.

Las figuras populares surgidas durante la era Showa ya tienen una edad, y un estado de salud, que las mueven a hacerse a un lado y dejar paso a nuevas figuras.

Bien es cierto, que ya había una generación de "jóvenes no tan jóvenes", profesionales con aproximadamente veinte años de actividad sobre el escenario que, generalmente, ya han cumplido la cuarentena.

Estamos hablando aquí de nombres como Yagami Ren, Hajime Kinoko o Kasumi Hourai, que en la actualidad son la «punta de lanza» del shibari japonés fuera del archipiélago.

Y, como en un juego de backgammon, cuando una ficha sale del tablero otra ocupa su lugar, y una nueva ocupa el hueco que esa dejó libre.

De esta forma, una nueva hornada de atadores comienza a despuntar: primero en eventos para el público doméstico japonés, y poco a poco, a la sombra de sus mentores, va haciendo acto de presencia en eventos fuera del país —de momento, en festivales porno asiáticos—, pero, si el patrón se repite, en un par de años serán habituales en el circuito de talleres internacional.

O quizás no.

Durante este periodo —que para los japoneses es la era Reiwa— el shibari se popularizó fuera de Japón, pasando de los círculos SM al discurso mediático mainstream. Y, en este proceso, ante la ausencia de figuras relevantes japonesas, los actuales referentes son occidentales.

Por sorprendente que pueda parecer, en nuestra propia escuela la mayor parte de los alumnos que acuden por primera vez no solo no tienen ni idea de quién son Yagami Ren o Hajime Kinoko, sino que, además, tampoco les interesa.

A nivel comercial, algunos organizadores de eventos empiezan a mostrarse reacios a programar talleres con atadores japoneses, debido al elevado coste que suponen y a que, en la mayor parte de los casos, no aportan tanto valor a sus formaciones como un buen instructor occidental —salvo, quizá, por el factor exotismo, aunque cuando se habla de dinero, el exotismo no suele ser un factor decisivo a largo plazo—.

Esta globalización y cambio de enfoque del shibari puede suponer un serio revés para los intereses del sector fuera del país.

¿Serán capaces de adaptarse a los nuevos tiempos y ofrecer un producto de calidad y valor comercial? Al fin y al cabo, es una industria, y se mueve por dinero.

¿O harán honor a su tradición y su reticencia al cambio y a la adaptación, y se mantendrán como un anacronismo trasnochado? Una respuesta característica de los japones que también saben vender envuelto en su aura de tradición y saber antiguo.

El tiempo lo dirá, pero mientras tanto vamos a repasar algunas de las figuras emergentes en la escena profesional japonesa.

En este artículo no abordaremos a los profesionales que centran su actividad en clubes o servicios al público local, sino a aquellos que tienen una faceta más mediática y apuntan al mercado internacional.

En la Kinbaku Expo de Tokio (verano de 2024) se presentó una nueva generación de talentos llamados a renovar la escena profesional del shibari.

Entre los nombres destacados figura un ya experimentado Tenma Haru (天馬ハル), apadrinando a los jóvenes Tenga Jin (天我迅), Yuki Scream (ゆきすくりーむ♂) y Sora (蒼空), a quienes es habitual ver juntos en un evento conocido como «Kokonawa» (ココ縄).

Kokonawa (ココ縄)

 Kokonawa (ココ縄)
Kokonawa (ココ縄)

Bajo esta denominación se conoce a una serie de eventos periódicos celebrados ocasionalmente con público en vivo, pero sobre todo en streaming de pago accesible desde todo el mundo.

Kokonawa está producido y presentado por Marie Aoi (三代目 葵マリー), contando con la presencia de Yagami Ren y Tenma Haru, como voces exprertas y mentores de los jóvenes atadores que promueven.

Su primera edición fue un evento mixto, en vivo con público y en streaming, que contó con la colaboración del equipo técnico de la productora DOGMA y la participación de Yagami Ren, Tenma Haru, Yuki y Sora.

Consistió en demostraciones en vivo con entrevistas a los atadores entre números, destacando el lleno total y, cosa curiosa, la presencia de numeroso público joven y también de mujeres.

En 2024 se celebró una segunda edición, esta vez solamente online, a través de la plataforma de streaming FC2, con la participación de Sora, Yuki y BEST (ahora Tenga Jin). Cada artista presentó un show de 40 minutos.

Desde entonces se celebran varias ediciones al año, convirtiéndose en la plataforma en la que este grupo de atadores muestra su estilo y evolución.

Tenga Jin (天我迅)

Tenga Jin (天我迅)
Tenga Jin (天我迅)

Anteriormente conocido como BEST, cambió su nombre artístico a Tenga Jin (天我迅) en 2025.

«Tenga» proviene de la frase «Tenjo Tenge Yui Ga Dokuson» (Cielo y Tierra, solo a mí me honra). «Jin» proviene de «Shippū Jinrai no Jin» (la velocidad y el poder de una veloz tormenta). Lo eligió porque suena rápido y genial.

Practica el estilo Tenga-ryu (天我流), inspirado en el Yagami-ryu (鵺神流).

Se formó en el entorno de Yagami Ren y Tenma Haru, y sobre todo bajo la guía de Manabu (まなぶ), antiguo instructor del Yagami Ryu en Tokio.

Debutó en 2023 como performer profesional, participando en 2024 en aproximadamente 40 eventos. Actúa principalmente en Tokio, pero también en Nagoya y en la región de Kansai. Es un habitual en la escena de Tokio y Osaka, donde son frecuentes sus actuaciones en clubes y bares SM.

Sus espectáculos, según sus propias palabras, «se estructuran en torno al tema del "amor distorsionado" (歪な愛), con una base en la estética tradicional japonesa ("wa", 和). Su objetivo es que el espectáculo de kinbaku sea entretenimiento por derecho propio, y no simplemente colocar el kinbaku dentro del entretenimiento».

Cuenta con el apoyo de Nagare Aotsuki (蒼月), manager del grupo de clubes Arcadia, y de figuras históricas de Kabukicho como el desaparecido Bingo Shigonawa (紫護縄びんご), de UBU.

Sora (蒼空)

Sora (蒼空)
Sora (蒼空)

Es discípulo directo de Tenma Haru y practica el estilo Tenma-ryu, ejerciendo como instructor en el salón Genso Nawa Kai de Yokohama.

Se especializa en la combinación de semenawa con no-iki (orgasmo cerebral).

Según sus propias palabras, le cautivó el estilo Tenma porque cada cuerda tiene un propósito y un significado real.

Su principal actividad es como host en la industria de servicios eróticos para mujeres (女風俗), actividad a la que se dedica con gran éxito desde hace más de siete años como «terapeuta» masculino en el establecimiento Kindan no Kajitsu -RINGO- (禁断の果実, «la fruta prohibida»), donde figura habitualmente en cabeza de cartel.

Debutó como performer en 2019 en «Onawa DX», en Kabukicho, incorporándose en 2024 al staff de «Kokonawa». Ese mismo año fue presentado en la Kinbaku Expo de Tokio como uno de los nuevos valores de la escena.

Suele participar como coinstructor en los talleres asiáticos de Tenma Haru.

Yuki Scream (ゆきすくりーむ♂)

Yuki Scream (ゆきすくりーむ)
Yuki Scream (ゆきすくりーむ)

Entró en el mundo del shibari en junio de 2020. Anteriormente practicaba off-pakora (encuentros privados). Es un atador habitual en el club TittyTwister de Tokio.

Forma parte del equipo de «Kokonawa».

Miss Lina (緊縛師)

Miss Lina (緊縛師)
Miss Lina (緊縛師)

Atadora taiwanesa, aprendiz de Tenma Haru y Sora.

Intérprete de chino y organizadora de los talleres de Tenma-ryu en Taiwán, donde también coordina frecuentes eventos de shibari.

En sus propias palabras, se esfuerza en el camino del kinbaku siguiendo el espíritu del Tenma-ryu: «Pensar en el atado, pensar en el que ata, pensar en las personas».

El peso de la tradición

En Japón, al igual que en otras partes, suele aplicarse la máxima de que, cuando algo funciona, no se cambia.

Todo este grupo opera como «aprendices» de atadores «senior», copiando y haciendo suyos sus respectivos estilos, ya que quienes dirigen la industria son bastante conservadores y apuestan por mantener lo que lleva funcionando desde los años ochenta en el país, y que en las últimas décadas les ha reportado ingresos significativos en sus giras de ultramar.

Dentro de ese conservadurismo tradicionalista se incluye el sistema de aprendizaje, basado en el esfuerzo por repetir copiando, una y otra vez, hasta conseguir una réplica perfecta del atado original del maestro.

Es una forma de pensar y actuar muy japonesa, pero poco práctica en una sociedad con los ritmos y criterios de diferenciación y personalización como es la occidental contemporánea.

En disciplinas como el shibari, este formato de enseñanza no ayuda precisamente a que la técnica evolucione y resuelva algunos de los problemas presentes desde sus orígenes, como son los riesgos de abuso o lesión.

Es precisamente ese anquilosamiento de los métodos de enseñanza japoneses lo que nos llevó, ya al inicio de la era Reiwa, a desarrollar nuestro método de enseñanza del shibari, #MSAFE.

No-iki (脳イキ): «orgasmo cerebral»

El término no-iki puede traducirse como «orgasmo cerebral», y entraría en el campo del ASMR (Autonomous Sensory Meridian Response), en español, Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma.

Es un fenómeno poco claro, por decirlo de forma amable, y como la hipnosis, requiere de la predisposición a la sugestión de la persona a la que se aplica.

Sus efectos son descritos como una relajación o sensación de aturdimiento mental. Suele inducirse por medio de susurros, sonidos suaves, movimientos lentos y repetitivos, ...

Usado de forma responsable, es una técnica más, tan inocua como una grabación de ruido blanco para dormir o relajarse.

Pero en contextos como el shibari, donde la gestión de la conducta, la percepción de la realidad y la capacidad de juicio se ven alteradas tanto por la persona que ata como por el contexto, puede suponer un riesgo: la suma de su efecto sensorial y emocional, junto con las expectativas generadas en la persona atada, la vuelven vulnerable ante la coerción y ante la adopción de conductas no generadas por su propio deseo, sino por el contexto.

Para contextualizar, estos atadores trabajan dentro de servicios profesionales, con clientes: una realidad muy distinta a la que estamos habituados los practicantes de shibari occidentales.

El propio Sora lo expresaba así al valorar como afronta las sesiones de shibari:

«Solo cuando están siendo atadas con cuerda no necesitan pensar en nada. Entregárselo todo al que ata y simplemente sentir la cuerda es suficiente. Está bien que se vuelva un desastre. Precisamente porque están atadas e inmovilizadas, el corazón puede volverse libre. Esa es una de las atracciones de la cuerda. Para las personas que siempre están tensas y esforzándose por vivir, es un tiempo para relajar la fuerza y entregarse a su yo auténtico».

En bastantes casos, las clientas de estos servicios buscan un momento de evasión, de desconexión del estrés y de sus preocupaciones cotidianas.

En Shibari Dojo no estamos, ni mucho menos, en contra de los servicios profesionales asociados al sexo, pero sí advertimos sobre los riesgos de todo tipo derivados de un uso desadaptativo de los mismos.

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