Histórica y popular atadora (Kinbakushi) de Tokio, es conocida por regentar junto a Bingo Shigonawa los míticos locales UBU y mitsu, pero sobre todo, por ser el alma mater del Onawa Asobi, un festival dedicado al shibari «no profesional» que ha cruzado fronteras y estrechado lazos entre continentes.
La trayectoria de Yoi Yoshida (吉田 洋) en el shibari, al igual que sucede con su colaborador Bingo Shigonawa, no pasa por la formación formal en un estilo o bajo un maestro, sino que se basa en una combinación de autodidacta y aprendizaje compartiendo tiempo y experiencias con otras personas.
Ya que si algo destaca en la personalidad de Yoi es su capacidad social, la energía que irradia y aglutina a otras personas creando comunidades allá por donde pasa.
Antes de dedicarse al shibari, desarrollaba una carrera en investigación de mercados y consultoría, habilidades que, irónicamente, resultarían fundamentales para la gestión y producción de eventos que caracterizan su legado.
A comienzos de los años 2000, ya colaboraba en la organización de reuniones informales para aficionados al shibari.
Encuentros que entonces se denominaban «Onawa Asobi» —literalmente, «juego con la cuerda»—.
La dificultad de encontrar locales estables la llevó, en 2007, a dar un paso decisivo: abrir Good-Studio (Enma) en el distrito de Kabukicho, Shinjuku, aprovechando un espacio libre en el edificio donde residía.
Este salón se convirtió en un faro para una comunidad creciente, un lugar donde coexistían aficionados y profesionales, fotógrafos y curiosos.
Fue en este caldo de cultivo donde, en junio de 2009, germinó la semilla de su proyecto más emblemático: el primer evento Onawa Asobi.
Su motivación no era comercial, sino visceral. Yoi Yoshida observaba a numerosos «bakushi» que, poseyendo una habilidad excepcional, no aspiraban al estatus profesional.
Onawa Asobi nació para darles un escenario, mezclando a estos talentos anónimos con profesionales consagrados como Hajime Kinoko (一鬼のこ), Kasumi Hourai (蓬莱かすみ) o Bingo Shigonawa (紫護縄びんご).
La acogida fue abrumadora, con casi cien asistentes en su primera edición, confirmando el hambre del público por descubrir estilos frescos y auténticos.
Nota: en Japón la referencia a «profesional» en el shibari implica que esa persona trabaja en y para la industria adulta, generalmente en el porno o en clubs asociados.
Consciente de las particularidades de la perspectiva femenina en el kinbaku, en mayo de 2010 Yoi Yoshida creó el «Onna Matsuri» (Festival de la Mujer).
Percibía que las artistas femeninas, muchas de las cuales partían de una tradición como «dominiatrices» en clubes, aportaban una dominación desprovista de erotismo explícito, cargada de una estética única y una emocionalidad diferente, como el estilo «wabi-sabi» de Kasumi Hourai.
El festival buscaba no solo destacar esta belleza singular, sino también brindarles un espacio de confianza para actuar, alejado de la cansina y abrumadora comparación con sus homólogos masculinos.
El cierre de Good-Studio en 2012 no supuso un final, sino una metamorfosis.
Junto a Bingo Shigonawa (紫護縄びんご), un compañero presentado por un amigo común durante la era del estudio, inauguró Bar -UBU- y, posteriormente, su bar hermano, -mitsu-.
Pronto se convirtieron en lugar referente para el shibari, no solo de Japón, sino de todo el mundo, acogiendo siempre con los brazos abiertos a cuantos viajeros llegaron a sus puertas buscando ampliar sus horizontes en el shibari, extendiendo así la filosofía de Good-Studio a un público internacional cada vez más numeroso.
Su visión del shibari es profundamente respetuosa con la diversidad. Para ella, no existe una definición única de lo «correcto».
Lo esencial es la sintonía entre quien ata y quien es atado, siempre que no haya peligro. Esta filosofía inclusiva, sin embargo, no es ingenua.
Yoi Yoshida observa con preocupación la masificación de imágenes en redes sociales, abogando siempre por la transmisión de información responsable y segura, lejos de la mera reproducción de poses sin entender la técnica o la psicología subyacente.
Su figura trasciende la de una artista o productora; es el núcleo de una comunidad global que ayudó a conectar, una catalizadora que, con humildad y gracia, continúa ampliando los horizontes del shibari.
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