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Sekibaku (責縛) - Shoden (初段)
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Hay ocasiones en las que realizar restricciones con las manos detrás puede resultar difícil e, incluso, imposible.

Antes de continuar, es necesario hacer una distinción entre lo que es una restricción en sí y la reproducción de una figura en particular; ya que, anatómicamente hablando, son cuestiones diferentes.

Si hablamos de restricción, el hacerla con los brazos atrás no implica tener que situarlos en ningún lugar en particular, ni más arriba ni más abajo.

Se trata de buscar el punto en el que la persona tiene limitado el movimiento, de tal forma que su rango dinámico se ve restringido y no puede mover esas articulaciones, a la vez que estas se encuentran estables y protegidas.

Forzar más allá o quedarnos cortos sería peligroso. Con esto en mente, podemos y debemos adaptar la restricción a las características individuales de cada persona.

Otra cosa muy distinta es reproducir una figura concreta, como un Takate Kote o un Gote en particular. En este caso, cada figura tiene sus normas, sus cánones y un modo eficiente de construirse.

Aunque en muchas de dichas figuras se utilicen restricciones, es indispensable conocer la técnica concreta que se está utilizando en cada una de ellas para poder efectuarlas con seguridad.

Uno de los errores que se suelen cometer cuando no es posible hacer una figura que implica los brazos atrás —pongamos el caso de un Takate Kote— es extrapolar la técnica y reproducirla "en espejo", esto es, con los brazos delante.

El resultado que obtenemos no es ni un Takate Kote ni una restricción, ya que no se cumplen ninguno de los requisitos para ello.

Esto ocurre por varias cuestiones.

En primer lugar, si comparamos el rango de movimiento con los brazos adelante y atrás, podemos observar fácilmente que vamos a tener mucha mayor amplitud si están delante.

Esto se debe a la forma del hombro con relación al tipo de movimiento que estamos efectuando.

Por otro lado, cuando adoptamos esta postura, entramos en una posición de protección, donde estamos defendiendo nuestros órganos vitales.

Mientras que, llevando los brazos atrás, estamos dejando expuesto todo el torso, lo que genera una mayor indefensión a nivel mental. Por lo que es mucho más eficaz a la hora de llevar a cabo una restricción, y no solamente en el plano físico.

A la hora de realizar la restricción con los brazos adelante, debemos tener en cuenta que hay que dotarla de cierta intensidad para que la persona interprete que se encuentra indefensa y se le añada esa carga emocional.

Para llevar a cabo restricciones con los brazos adelante, bastaría con extenderlos hacia adelante, cruzarlos a la altura de las muñecas, y dar un pequeño tirón que va a provocar la protracción de los hombros.

De esta forma, las escápulas se estabilizan en la espalda y podemos gestionar el movimiento de la persona de forma sencilla desde las muñecas.

El giro resultante va a partir desde el hombro, y el resto del cuerpo simplemente lo acompaña, activando por el camino los músculos necesarios para completar dicho movimiento.

El rango que obtenemos va a ser más pequeño, pero la restricción será mucho más eficaz y segura, ya que estamos estabilizando las articulaciones que lo necesitan.

La persona no va a estar pendiente de si se va a caer o luchar para mantener el equilibrio, lo que nos ayuda a que se pueda dejar fluir hacia donde la vamos llevando.

Consecuentemente, su gestión nos va a requerir mucha menos energía, y podemos realizar movimientos que afectan a todo su cuerpo con leves giros de muñeca.

En caso de hacer una atadura con los brazos adelante sin protracción, vamos a obtener una mayor amplitud a la hora de mover a la persona, pero a costa de compensaciones y aumentando el riesgo de lesiones.

Esto se debe a que va a existir un margen considerable de movimiento en los hombros, permitiéndole efectuar distintos giros debido a que no están correctamente restringidos.

Si construimos una figura con las cuerdas sobre esta posición, corremos el riesgo de que se muevan o aflojen, lo que va a comprometer enormemente su seguridad y estabilidad.

Por otro lado, no estamos estabilizando la articulación; es decir, no la estamos fijando en su posición óptima.

Así, si la persona se mueve, puede estar soportando fuerzas o peso de forma desequilibrada a nivel biomecánico, debido a que la transferencia de energías se verá afectada, lo que podría sobrecargar las estructuras más débiles y provocar una lesión.

Además de todo esto, gestionar a la persona nos va a requerir mucha más energía, en parte debido a que el cuerpo de la persona no sabe muy bien cómo reaccionar a las demandas, lo que puede dar lugar a que aparezcan compensaciones.

De esta forma, los movimientos no son tan fluidos y nos va a ser más difícil que la persona se deje llevar, ya que su atención va a estar en mantener el equilibrio o no hacerse daño.

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