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Sekibaku (責縛) - Shoden (初段)
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Llevar los brazos tras la espalda es una de las formas de restricción anatómica más eficientes.

Por una parte, al restringir los brazos y posicionarlos hacia la espalda, se produce una limitación significativa en la capacidad del cuerpo para gestionar su balance, al no poder utilizarlos como contrapesos naturales.

Con esto, la movilidad de la persona se limita, incluso su capacidad de usar sus piernas para caminar o correr, ya que, aunque somos bípedos, dependemos de los brazos tanto para gestionar nuestro equilibrio como para funciones prácticas, y al ser una parte del cuerpo que casi siempre tenemos a la vista, constituyen la base de nuestra propiocepción corporal.

Con este tipo de restricciones, la persona atada pierde gran parte de su capacidad de gestión, en este caso sobre su balance y postura, pero también sobre su ubicación espacial.

Es tarea de la persona que ata asumir esa gestión, fortaleciendo de esta forma la asimetría en la gestión de recursos característica del sekibaku.

A nivel neurológico, al no poder hacer uso de los brazos, el cerebro traspasará sus funciones (en lo relativo a mantener el balance) a los otros elementos de que dispone para esta función, es decir, los dedos de los pies y, sobre todo, el eje establecido entre la pelvis y el esternón.

Si estamos en un contexto erótico, esa mayor focalización en la pelvis resultará muy interesante de cara a provocar estimulación indirecta.

Pero atención, ya que este es un tipo de restricción en el que la persona atada puede "situarse" sin recurrir a la activación o, peor aún, llevando sus articulaciones —los hombros— a rango pasivo, aumentando el riesgo de lesiones.

Situaciones a vigilar

Hay dos situaciones que debemos vigilar cuando aplicamos esta restricción. Las vamos a llamar "déjate hacer" y "no te muevas".

Debemos comprender qué está ocurriendo en el cuerpo cuando ocurren, así como los riesgos que entrañan, para poder gestionar las sesiones con conocimiento.

"Déjate hacer"

Es aquella donde la persona atada se deja manipular el cuerpo sin ningún tipo de propiocepción ni conexión con aquello que estamos haciendo. Facilita el movimiento de modo pasivo.

Quien ata no va a tener que emplear demasiada energía al ejecutar la restricción, pero esta no va a ser ni eficaz ni una restricción real en el cuerpo. Esto se debe a que los músculos estarán blandos y desactivados, y la escápula se habrá levantado para favorecer el movimiento.

Entonces, el hombro se encuentra en una posición inestable y con un mal reparto de fuerzas, lo que aumenta el riesgo de lesiones en la persona atada.

"No te muevas"

Ocurre cuando la persona atada opone resistencia.

Por lo general, cuando se le ha transmitido que tiene que aguantar quieta en esa posición todas las manipulaciones que realizan sobre su cuerpo.

Quien ata, en este caso, fuerza el movimiento y tiene que utilizar mucha energía para ello; aunque no está ejerciendo ningún tipo de gestión ni restricción sobre el cuerpo de la otra persona, ya que es ella quien está sosteniendo y aguantando las posturas por propia voluntad.

A nivel biomecánico, si la persona atada opone resistencia, estará activando sus músculos estabilizadores y empleando su peso de forma activa en el sentido contrario al movimiento que se hace sobre su hombro, para corregir y no llevarlo atrás.

Estaremos generando un torque peligroso, ya que dirigimos toda esa fuerza generada por la activación muscular y los movimientos en sentidos opuestos en la dirección de la articulación, a la vez que la escápula se encuentra de nuevo abierta.

Esto dificulta que se haga un reparto óptimo de las fuerzas, como explicamos al inicio, y aumenta el riesgo de lesiones, tanto en el hombro como en las estructuras adyacentes.

Por lo tanto, lo ideal es tener los conocimientos y habilidades que nos permitan hacerlo de forma segura, independientemente de si estamos en un tono suave o en uno fuerte.

Si os fijáis, en ambas situaciones lo que se manifiesta es una gran diferencia de energía e intereses entre ambas partes.

Lo ideal es un reparto más equitativo, algo similar a lo que sucede en el baile: una persona lleva, la otra acompaña siguiendo el movimiento sugerido.

Cómo llevar el brazo atrás de forma segura

Es más sencillo de lo que parece. Hay demasiada literatura y habladurías infundadas sobre este movimiento. Por lo que un primer paso es olvidar todo eso.

Partimos del hecho de que estamos construyendo una restricción con los brazos atrás para luego aplicar una atadura tipo gote o similar y, posiblemente, llevarlo todo a una suspensión.

En tal caso, para construir una restricción segura, debemos tener en cuenta dos cosas:

Activación desde la "línea del meñique

No debemos tocar otras partes del brazo.

Esta activación permitirá a la persona atada responder a la restricción y apoyarse en las cuerdas cuando sean aplicadas, estableciendo un canal de comunicación no verbal con la persona que ata.

Movimiento circular

La articulación del hombro, junto a la de la cadera, es la única articulación "de bola" que tenemos, en la que un hueso esférico se apoya en una cóncava.

Para facilitar el movimiento de la misma, evitando que el hueso "raspe" los tejidos adyacentes (músculos, tendones, ligamentos, cartílagos, etc.), debemos llevar a cabo el movimiento generando un círculo.

Un detalle que apreciamos en muchos alumnos es que intentan llevar la mano a la espalda. No, no se trata de eso; la clave es rotar el hombro hacia atrás. El brazo, y con él la mano, vienen solos.

Indicamos que el mejor punto para aplicar la técnica es el antebrazo (más bien cerca del codo), pero si os da problemas, podéis empezar más cerca de la columna, en el brazo, a la altura del tríceps. (Repasad el ejercicio "ikue shibari" si es preciso).

El límite del movimiento es el límite del rango dinámico activo de la persona atada, por lo que en las primeras ocasiones será precisa una buena comunicación.

Paulatinamente, la persona que ata debe desarrollar la sensibilidad que le permita identificar ese punto.

Olvidémonos de flexionar el codo

Nada de colocar los brazos en "caja", como en las fotos que vemos por internet.

Muy pocas personas pueden mantener una activación segura con los codos flexionados, por lo que, posiblemente, vamos a quedar con los brazos bajos, sobre los glúteos.

Muy posiblemente, las primeras veces no lleguen a cruzarse. No es problema; lo importante es mantener la activación y tener capacidad de gestión.

Preguntas como "¿Y cómo hago tal o cual figura?" se responden más adelante. Vamos paso a paso.

Conociendo el cuerpo

Anteriormente, incluíamos en nuestra formación que cuantos más ángulos se crean en la cadena cinética mayor restricción.

Y si bien es técnicamente cierto, hemos comprobado que no es aplicable a escenarios en los que vamos a someter al cuerpo en movimiento.

La técnica de crear ángulos (torsión de brazo, flexión de codo, flexión de muñeca, flexión de dedo) tiene como objetivo inmovilizar. Nosotros vamos a movernos, incluso a suspender.

Así pues, olvidemos eso y entendamos que la restricción se gestiona no mediante ángulos, sino mediante los vectores que conforman un triángulo. (Repasad la lección relativa a geometrías).

Esta restricción anatómica no debe suponer ningún estrés físico para la persona atada.

Si notamos algún músculo cargado o aparece dolor, no insistáis y parad. Lo más probable es que haya algún error en la ejecución, y de continuar, estaríamos corriendo el riesgo de provocar lesiones.

Atención a los codos: no los flexionéis, pero no los bloqueéis.

Si os surgen dudas, podéis preguntarnos utilizando los medios que hemos puesto a vuestra disposición.

Un último consejo, no llevéis ambos brazos atrás al mismo tiempo, primero uno y luego otro.

En práctica, trabajad solamente con uno, intentad con uno y otro alternativamente.

Cuando logréis establecer la restricción con un brazo, probad a llevar el otro atrás.

A la hora de practicar este movimiento, podéis situar una mano en la escápula de la persona atada para sentir cómo reacciona y comprobar si se encuentra en su posición óptima previamente a ejecutar el movimiento.

Cada persona es diferente: tenemos distintas proporciones, diferentes rangos de movimiento y una condición física diferente. Por lo que no imitéis a otras personas; buscad vuestra forma óptima de establecer una restricción.

La forma de verificar si la restricción funciona es que quien ata pueda gestionar el cuerpo de la persona atada con un simple movimiento, logrando que su cuerpo responda en bloque.

Si, por ejemplo, al iniciar un movimiento ascendente la respuesta descompensa el cuerpo de la persona atada, la restricción no estará funcionando.

Aprender a hablarle al cuerpo en su idioma es transmitirle aquello que queremos de él.

Es decir, si buscamos una intensidad mayor en la sesión, debemos tener las herramientas necesarias para aumentar esa intensidad, comprendiendo cómo funciona el cuerpo y trabajando con él, no contra él.

Lo mismo si queremos rebajar el tono. La clave está en aprender a movernos en este gradiente de una manera segura y satisfactoria.

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