¿El shibari duele? Esta es una de las preguntas más comunes entre quienes se acercan por primera vez a esta técnica. La respuesta corta: NO DEBERÍA.
¿A qué nos estamos refiriendo con "dolor"?
Al igual que hicimos con los términos asociados al deseo y la erótica, comenzaremos por definir el concepto dolor y acotar el sentido que le estamos dando en el contexto de la práctica del shibari.
La definición operativa describe el dolor como una experiencia sensorial, emocional y cognitiva desagradable, asociada a daño real o potencial (o percibido como tal). Surge de la interacción entre señales del sistema nervioso y factores contextuales internos (psicológicos, cognitivos) y externos (físicos, sociales).
Esta es una definición técnica, a la que volveremos más adelante, cuando abordemos el dolor como parte de la erótica en el shibari.
Pero, realmente, no responde a la pregunta planteada, por lo que veamos lo que la biomecánica tiene que decir al respecto:
Dolor es lo que sentimos cuando algo en nuestro cuerpo —como músculos, articulaciones o tejidos— se daña o se percibe en peligro, ya sea por golpe, mala postura o esfuerzo excesivo. Actúa como alarma del cuerpo cuando la mecánica falla o puede fallar.
En resumen, en lo referente al cuerpo, entendemos el dolor como una señal de alerta ante daños físicos (reales o posibles).
Y frente al dolor debemos entender el concepto de estrés físico, que de manera sencilla definimos como la respuesta del cuerpo cuando las fuerzas que actúan sobre los tejidos superan su capacidad normal de soportarlas o adaptarse a ellas.
Pudiendo generar desde adaptaciones positivas (como fortalecimiento) hasta daño o dolor si se excede el límite.
En la práctica del shibari debemos vigilar ambos.
El dolor es un límite que nos indica que algo está realmente mal, y deberemos corregirlo inmediatamente o, en caso de no poder, parar y desatar.
Por su parte, el estrés es algo que debemos diferenciar, y sobre todo la persona atada debe aprender a entender y manejar, ya que es un precursor del dolor.
En este sentido, una buena gestión del estrés físico será gratificante y supondrá un fortalecimiento de los tejidos, mientras que una mala gestión del mismo acabará desembocando en dolor y posible daño.
Entonces, ¿debe doler el shibari?
Desde el estilo y las técnicas que enseñamos en este curso, solamente cabe una respuesta a esta pregunta: NO.
El shibarino es compatible con el dolor, y explicamos por qué:
En todas las técnicas de cuerpo que explicamos, la activación muscular es requisito. Es la forma en que protegemos las articulaciones.
Por un mecanismo evolutivo, nuestros músculos se desactivan en presencia del dolor. Es una respuesta que busca evitar daños mayores, ya que un músculo activo, un tejido en tensión, es más propenso a sufrir daños si es agredido (por ejemplo, enganchado en una rama o mordido por un depredador) que ese mismo tejido laxo.
Al fin y al cabo, es la técnica que empleamos para establecer la restricción anatómica; es la propia activación de la persona lo que hace que no pueda moverse.
Así, si en una restricción anatómica apoyada con una atadura se causa dolor, la musculatura que sostiene la propia restricción se desactivará.
Dependiendo del grado y la zona del cuerpo implicada, la restricción mantendrá su funcionalidad, pero a partir de ese momento todas las fuerzas, todas las cargas y energías que apliquemos, incluso las propias de mantener la postura, serán gestionadas por los tejidos blancos en lugar de los músculos.
Esto entraña un serio riesgo de daño a dichos tejidos. No tiene que haber una lesión necesariamente. Posiblemente, no tengamos más que una molestia, o quizás ni eso.
Pero los tejidos blancos no están diseñados para soportar cargas, por lo que les estaremos causando daño. Un daño que es acumulativo.
Si queremos mantener en el tiempo la práctica del shibari y disfrutar de ella durante años, debemos evitar dañar nuestro cuerpo.
La otra faceta, significativa si hablamos de la vivencia erótica, es que la desactivación muscular reducirá la intensidad de las sensaciones y, por ende, la capacidad de estimular a la persona atada.
Esto no es un impedimento, simplemente algo que debemos tener en cuenta. No supondrá un corte ni una interrupción por sí mismo, pero si debido a la falta de activación aparecen molestias, deberíamos replantear la atadura, recuperar la activación y adecuar el ritmo al momento.
Las ataduras no duelen
Otro asunto totalmente diferente es el dolor causado por las ataduras, sea por estar estas apretadas, aplicadas sin cuidado, sobre zonas sensibles o por someter al cuerpo a fuerzas excesivas, por ejemplo, en una suspensión.
Esto es un claro indicativo de que la técnica está mal aplicada. Hay un fallo de base y debemos parar, desatar, identificar la causa del problema, esto es, qué falla en la aplicación de la técnica, y buscar soluciones.
En este caso, la solución suele pasar por repasar y practicar consistente y analíticamente hasta mejorar y corregir.
Si se os presenta este problema y no encontráis solución, consultadnos, para eso estamos.
Estrés muscular vs. dolor
Una de las características técnicas del sekibaku es recurrir al estrés muscular como herramienta para gestionar el deseo.
Como indicábamos anteriormente, el estrés es un precursor del dolor, aparece como señal previa, indicando que ese músculo, o conjunto de músculos, está alcanzando su límite.
Puesto que el cuerpo sometido a este estrés es el de la persona atada, es quien debe gestionarlo, aprender a identificarlo y utilizarlo en su favor, para una experiencia más intensa.
Pero también debe aprender a escuchar estas señales de su cuerpo e informar a la persona que está atando de esta situación.
Un estrés muscular bien gestionado será beneficioso para su cuerpo; una mala gestión puede desembocar en daños.
Por supuesto, estas sensaciones cambian de persona en persona e incluso en una misma persona de un momento para otro.
Cómo nos encontramos física y anímicamente en ese momento, nuestra condición física y otros factores, como pueden ser experiencias previas, harán que los umbrales del estrés y el dolor varíen continuamente.
No debe suponer ningún problema, y es una buena costumbre advertir de que algo duele, o se está cansado, al límite o se necesita bajar el nivel e incluso parar la sesión. El bienestar y la seguridad son prioritarios.
El dolor en el juego erótico
Buena parte de los alumnos nos indican que les gusta incluir el dolor como parte de sus interacciones eróticas, bien sea desde una aproximación sadomasoquista, bien como simple aliciente puntual.
Ya hemos visto que el dolor no es compatible con una técnica basada en la activación muscular. Especialmente el dolor muscular (por ejemplo, azotes o impactos), pero también, por su definición, el dolor no requiere de una localización en el cuerpo, se genera en el cerebro.
Debido a que la erótica de cada persona es única y cada interacción también lo es, no es posible facilitar un método universal para fusionar sekibaku y dolor, pero sí podemos facilitaros algunas pautas para llevar a cabo un shibari seguro y satisfactorio:
- A mayor intensidad en el juego, menor complicación en la restricción y las cuerdas aplicadas. Las ataduras muy elaboradas pueden suponer una complicación si las combinamos con juegos de dolor.
- La aplicación de castigos físicos puede integrarse en el esquema del deseo, pero también puede suponer la consecución del mismo y, por lo tanto, interrumpir la secuencia que seguimos para gestionar la sesión.
- No mezclar las técnicas. Planificar bien la sesión y determinar en qué momento utilizar restricción anatómica y en cuál dolor.
- Adaptarse a la persona, al momento, a la situación.
- Si el uso del dolor provoca desactivación y pérdida de seguridad en la restricción, deshacer la restricción y continuar el juego desde un punto seguro.
- Ejercicio de la responsabilidad personal de ambas partes y del diálogo.