A primera vista, el futumomo parece una figura sencilla de realizar, pero su construcción entraña varias cuestiones biomecánicas importantes para que sea efectiva y pueda cumplir sus funciones de forma segura.
Primero, es necesario conocer algunos conceptos sencillos relacionados con la biomecánica de la pelvis y la cadera.
Pelvis
La pelvis es nuestro centro de gravedad, a la vez que nos ofrece una gran movilidad desde la articulación de la cadera, que es la zona en la que se inserta el hueso del fémur en el coxal.
Debido a esto, nuestro cuerpo cuenta con toda una serie de músculos flexores, extensores, aductores y abductores que, por un lado, nos permiten ejecutar todos esos movimientos y, por otro, estabilizan la pelvis para que mantengamos el balance y el reparto de pesos se efectúe de la manera más óptima posible.
Sin embargo, como hemos mencionado anteriormente, nuestros hábitos posturales del día a día no suelen reforzar nuestro diseño biomecánico y, en muchas ocasiones, realizamos movimientos sin que los estabilizadores participen de forma activa y utilizamos compensaciones para llevarlos a cabo.
Esto implica que las conexiones neuronales que se encargan de estos movimientos estarán debilitadas y, en muchas ocasiones, que nuestro cuerpo no tenga muy claro qué debe hacer ante ciertas demandas.
No siempre se trata de que los músculos, en sí, estén o no fortalecidos, sino de que es el mapa cerebral que no será el más óptimo.
Por ejemplo, si pasamos mucho tiempo sentados en sillas, reforzamos una posición en la que los flexores de cadera (sobre todo cuádriceps, psoas e iliopsoas) están contraídos, mientras que el tren posterior (destacando glúteos e isquiotibiales) está extendido pero desactivado, ya que no necesita soportar nuestro peso; de eso se encarga la silla.
Movimiento circular
A lo largo del curso hemos hecho referencia en muchas ocasiones a la importancia de realizar movimientos circulares en las articulaciones del cuerpo, y esta no es una excepción.
En términos generales, este tipo de movimientos consiste en estirar un poco para crear espacio, mover, estirar un poco, mover, estirar un poco, mover, con fluidez y siguiendo un círculo, hasta llegar a la posición deseada.
De esta forma, damos tiempo al cuerpo para que entienda lo que le pedimos y vaya iniciando los movimientos que le estamos demandando, activando la musculatura acorde con ello.
Si, por el contrario, nos apresuramos y simplemente llevamos una parte del cuerpo hacia otra de modo lineal, el cuerpo nos ofrecerá el movimiento, pero utilizará la estructura más débil para hacerlo, ya que entiende que los músculos no son necesarios porque “me están moviendo”, y bajo esas condiciones la solución más sencilla es permitirlo usando dicha estructura.
Haciendo esto, con el tiempo, potenciamos las debilidades de nuestro cuerpo y, con ello, aumentamos el riesgo de lesión dentro y fuera de la sesión de shibari.
En lo que se refiere al futumomo, el problema surge porque tomamos su nombre al pie de la letra. Lo que se traduce en que solemos llevar el pie al glúteo, juntando una parte del cuerpo con la otra.
Al mantener la cadera en flexión, es muy poco probable que los glúteos e isquiotibiales se activen por sí solos ante la demanda que le pedimos al cuerpo.
Además, debido a la forma en que llevamos el pie hacia el glúteo, suele ocurrir que parte de la amplitud de movimiento provenga de la articulación de la rodilla, ya que estamos girando sobre ella. Esto entraña varios problemas.
Los músculos más potentes para soportar fuerzas y pesos se encuentran desactivados. Así, si movemos a la persona o la colocamos en una posición en la que esa pierna tenga que soportar peso, el cuerpo responderá con compensaciones para darnos el movimiento que le pedimos.
Es probable que estructuras que no han sido diseñadas para ese trabajo acaben soportando esas fuerzas, lo que aumenta el riesgo de lesión.
En este caso, es frecuente que la pelvis no se encuentre en una posición estable, lo que dificulta aún más el reparto óptimo de pesos.
Por otro lado, al llevar el pie al glúteo mientras los flexores de la cadera se encuentran en contracción, sometemos la articulación de la rodilla a dos fuerzas opuestas que la separan.
Los cuádriceps van a tratar de llevarla al pecho, mientras que nosotros intentamos que vaya hacia atrás, desestabilizando la articulación y poniendo en riesgo de lesión los tendones, ligamentos y demás estructuras pasivas que la conforman y mantienen su integridad al estar estirándolas en exceso.
Es importante vigilar cualquier sensación de carga o dolor que ocurra en la rodilla cuando hacemos un futumomo, porque podría estar avisándonos de que estamos cometiendo algún error y se encuentra comprometida.
Por el contrario, si al realizar un futumomo tenemos activa la configuración muscular correcta que estabiliza la pelvis y permite los movimientos de la cadera, será más sencillo que ese movimiento provenga del lugar adecuado, ya que nuestro cerebro reconocerá ese patrón como el óptimo para la tarea que le pedimos.
No apretar la espinilla
A la hora de apretar, vamos a hacerlo sobre blando y no sobre duro.
En el futumomo, esto implica que vamos a apretar sobre los cuádriceps, mientras que por la espinilla tan solo mantendremos la tensión.
Esto ocurre porque las partes blandas suelen corresponderse con grupos musculares más grandes y fuertes que los que encontramos en las partes duras; por lo que, a la hora de soportar fuerzas, serán los más indicados.
Por otro lado, en el caso de la espinilla, el nervio sensitivo se encuentra a un nivel muy superficial por motivos evolutivos, de modo que esa presión innecesaria de las cuerdas puede causar mucho dolor.
Y recordemos: nuestro cerebro tiende a desactivar músculos en presencia del dolor.